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Las cinco maravillas de Kamchatka

La península, situada en el extremo oriental de Rusia, es un lugar de difícil acceso y quizá por ello, de gran belleza natural. Fue un lugar inaccesible para los extranjeros durante la época soviética y todavía hoy no son muchos los turistas que llegan hasta el confín del mundo.

Los volcanes

En los días despejados, desde cualquier punto de la capital de Kamchatka, Petropávlovsk-Kamchatski , se pueden divisar los volcanes Koriakski, Aváchinski y Kozelski. Los lugareños les llaman afablemente “los nuestros”, y para los viajeros esto resulta un tanto chocante: dos de estos tres gigantes siguen activos y “estornudan” periódicamente (cuando eso ocurre, en la ciudad se pueden percibir unas leves sacudidas), o humean ligeramente por las cimas.

En el hotel Petropávlovsk se puede reservar una habitación con vistas a los volcanes (desde 5.000 rublos, unos 89 dólares). Para visitar los otros volcanes de Kamchatka, como las calderas del volcán Uzon, el Valle de los géiseres y el Valle de la muerte, hay que acceder en helicóptero desde el aeropuerto de Yélizovo.

Los osos

Dentro de Rusia, Kamchatka es el auténtico “estado de los osos”. Según distintas estimaciones, aquí viven entre 15.000 y 30.000. En ningún otro lugar de Rusia, ni siquiera del resto de mundo, se encuentra tal concentración de estos animales. Para observar a los osos de Kamchatka de la forma más efectiva y segura, la mejor opción es viajar a las proximidades del lago Kurile (a 200 km de Petropávlovsk-Kamchatski).

La increíble comida marinera

En un pasado no muy lejano los habitantes de Kamchatka no podían dormir tranquilos por la noche por culpa del ruido que hacían en el agua los salmones en época de desove. Tal es la cantidad de peces que hay en este lugar.

Kamchatka es un lugar poco urbanizado y tiene una densidad de población muy baja. Pero esto tiene sus ventajas: las condiciones ambientales son excelentes, y el agua es pura. La gastronomía local se basa en diversos tipos de salmón del Océano Pacífico como el salmón rojo, el rosado, el plateado o el salmón real, así como las vieiras, el famoso cangrejo de Kamchatka y los calamares.

Una belleza salvaje

Aquellos que no temen afrontar serias dificultades para poder ver con sus propios ojos la auténtica belleza salvaje de Kamchatka encontrarán aquí todo lo que buscan: dentro y alrededor de los lagos, que colindan con volcanes mortalmente peligrosos, bulle la vida; en los glaciares hay fuentes de agua caliente; los animales salvajes, que coexisten con las gentes, moran en la taiga y la tundra.

Experimentar la esencia de los orígenes

A pesar de que Petropávlovsk-Kamchatski es una ciudad que se fundó en la misma época que San Petersburgo, a principios del siglo XVIII, da la sensación de que solo hace 50 años que la gente habita esta tierra: solo hay 350.000 habitantes en toda la península, y en la capital, con sus 170.000 habitantes, no veréis el resplandor de las luces por la noche ni la vida nocturna tal como se entiende en la gran ciudad.

Hasta 1990 ningún extranjero había pisado el suelo de Kamchatka, e incluso a los rusos se les exigía un salvoconducto especial para entrar, pero ahora todo el mundo puede visitarla.

Estos factores, combinados con los ríos de géiseres y los valles, las calderas volcánicas, con una extensión de muchos quilómetros y un terreno que cambia después de cada erupción, hacen de Kamchatka uno de los pocos lugares de la Tierra donde el viajero puede sentirse como si fuera el primer hombre en descubrirlo. Aunque esta tierra se descubrió hace más de 300 años, incluso a día de hoy sigue siendo un lugar poco conocido.

Fuente: RBTH

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